
¿Qué está pasando en Zaragoza, que aparece últimamente- y cuando casi nadie los esperaba- en los lugares más altos de los rankings de actividad económica de las ciudades españolas? ¿Por qué, de la noche a la mañana, los
periódicos salmón recomiendan invertir en esta ciudad? No creo que sea todo economía, hay algo más...
Volvamos la vista atrás...
Zaragoza durante muchos años fué una ciudad gris, agradable, quizá cómoda, pero gris.
En los tiempos de la
España, Una, Grande y Libre, unos tenían industria textil, otros del metal, otros grandes centros culturales, otros eran agricultores y ganaderos... España tenía de todo. El concepto de vertebración del territorio que tenemos hoy, dónde creemos en la necesidad de que exista una actividad económica compleja en cualquier parte del país, simplemente no existía. Zaragoza fué así durante muchos años, y salvo muy pocas excepciones, sólo la capital del Aragón del cereal de secano y del ganado ovino.
Este planteamiento no hubiera sido malo del todo, o por lo menos no tan destructivo sino fuera porque además, la propaganda del régimen alababa a las regiones
productivas y discriminaba a las que no lo eran. Poco importaba que fuera el propio régimen quien impidiera que esta situación cambiara. Daba igual. Era una forma más de control. Así unos progresaban en el terreno económico y en el del orgullo ciudadano, y otros caían en el conformismo de la eterna subvención.
En estas circunstancias en Zaragoza (y en otras muchas ciudades de la
España interior) a lo máximo que se podía aspirar como ciudadano era a ser funcionario, o quizá militar, pero si querías hacer algo distinto no quedaba más camino que exiliarte en otra región.
Así acabamos creando una ciudad llena de gente sin ambiciones, porque se le había negado el derecho a tenerlas durante años y años.Hoy esto no es así:
Un día dejamos de quejarnos y de mirar a los
injustamente privilegiados vecinos de
uno y
otro lado, y comenzamos a mirarnos a nosotros mismos y a
hacernos preguntas, pero sobre todo, a responderlas:
¿Qué ventaja competitiva tenemos?,
¿En qué tenemos experiencia?,
¿Qué es necesario que hagamos?¿Cómo poner de nuestro lado las Nuevas Tenologías?,
¿Dónde hay oportunidad derivada de la vida de la ciudad?,
¿Cual va a ser el combustible de nuestro futuro?,
¿Qué podemos ofrecer al mundo, de qué sabemos mucho?,
etc, etc.
Quizá tuvo algo que ver con el orgullo recobrado
la lucha contra la propaganda del Gobierno Central en el tema del Trasvase del Ebro.
O quizá no.
Quizá sea sólo el relevo generacional, que nos ha hecho despiojarnos de toda la propaganda que los años del régimen de Franco nos echaron encima, y nos ha permitido tomarnos en serio a nosotros mismos.Pero hoy la administración parece que comienza a estar donde tiene que estar, tirando del carro, que para eso los hemos puesto allí.
Pero sobre todo, hoy la ciudadanía
empuja,
empuja,
empuja,
empuja,
empuja,
empuja,
empuja,
empuja,
empuja...
Zaragoza hoy es una ciudad ilusionada e ilusionante.
Tenemos futuro.
Enhorabuena.